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TRANSHUMANISTAS: ¿VIVIR, SOBREVIVIR O HUIR?

by PBC

La ideología transhumanista tiene un dogma: la tecnología nos salvará.

Por Albert Cortina

Con la expansión de esta visión mesiánica que va de la mano de la globalización, cabe preguntarse si el desarrollo tecnológico tiene que ver, cada vez más, con la supervivencia individual que con la perspectiva de mejora colectiva. La lógica neoliberal de la supervivencia de los más aptos y capacitados es la misma que alimenta todas las especulaciones del movimiento transhumanista. De este modo, el “capitalismo de élites” y el transhumanismo confluyen en la misma dirección en este cambio de era que viviremos intensamente en los próximos años veinte del siglo XXI.

 

Según el economista serbioestadounidense y economista jefe de investigación del Banco Mundial, Branko Milanovic, el problema de la desigualdad es un tema esencia en este mundo globalizado como señala en su libro Capitalism, Alone: The Future of the System That Rules the Wold (Harvard University Press).

 

En este ensayo, la desigualdad le sirve como excusa a Milanovic para juzgar las deficiencias de los dos sistemas que dividen hoy al mundo: el “capitalismo meritocrático” de la democracia liberal con Estados Unidos como sociedad emblemática; y el “capitalismo político” de China.

 

En ambas modalidades de capitalismo, se está abriendo una brecha de desigualdad y fragmentación de la humanidad muy peligrosa generada por el propio sistema y por la emergencia de las tecnologías exponenciales.

 

Brecha tecnológica y fragmentación de la humanidad

Este “capitalismo de élites” pone en peligro el “capitalismo socialdemócrata” como llama Branko Milanovic al modelo que rigió en Europa y Estados Unidos entre la Segunda Guerra Mundial y la revolución conservadora de los años setenta del siglo XX.

 

Cabe preguntarse si los que conforman la élite mundial traman “abandonar el barco”, es decir, nuestra casa común, como denomina el papa Francisco al planeta Tierra.

 

Precisamente, el futuro de las tecnologías exponenciales hace soñar a las élites cosmopolitas con esa capacidad de huida.

 

En ese sentido, parece que el objetivo del posthumanismo es trascender la condición humana y protegerse de este modo del cambio climático, del aumento de los niveles del mar, del agotamiento de los recursos naturales, de los grandes flujos migratorios, de las pandemias globales, e incluso de la propia muerte.

 

Y no es que haya nada malo en las valoraciones positivas sobre los beneficios de la tecnología para las sociedades humanas. Es que la actual tendencia hacia una utopía/distopía posthumana es algo muy distinto, que tiene que ver con una ideología que pretende trascender todo lo humano: el cuerpo, la interdependencia, la compasión, el sufrimiento, la vulnerabilidad y la complejidad. Los transhumanistas están empeñados en imaginar la gran migración de la humanidad hacia un nuevo estado existencial.

 

Algunos activistas de dicho movimiento ansían entrar en la siguiente fase trascendente de nuestra evolución, como si fuesen miembros de un culto gnóstico, mudando de cuerpo y dejando el viejo tras ellos, junto con sus pecados y el sufrimiento inevitablemente humano.

 

Los transhumanistas reducen con demasiada facilidad toda la realidad a los datos y parece como si los seres humanos no fuésemos más que objetos y procesadores de información.

 

Miembros de la élite global se están haciendo las siguientes preguntas en los grandes foros mundiales: ¿Se podrá construir a medio plazo un hogar para albergar sus mentes? ¿De qué sistemas tecnológicos dispondrán para protegerse ante un desastre natural o catástrofe provocada por el ser humano? ¿Qué zona del planeta se verá menos afectada por el cambio climático?¿Cómo construir smart cities resilientes donde habitar para no ser vulnerables al colapso ambiental? ¿Cómo edificar un bunker en sus casas para garantizar su seguridad y la de su familia ante un “acontecimiento” inesperado? ¿Para cuándo la creación de robots inteligentes y autónomos capaces de servirles como cuerpos de seguridad y como trabajadores altamente productivos?

 

Si para muchos de nosotros estas preguntas y preocupaciones nos resultan fuera de toda lógica y lejanas a nuestras preocupaciones inmediatas para vivir o sobrevivir en el presente, para un grupo de visionarios de esa élite global el futuro se construye teniendo en cuenta el aumento de su capacidad tecnológica para vivir indefinidamente, incluso, sin el cuerpo biológico, para sobrevivir mejor en la competitiva sociedad biotecnológica y en las propuestas más radicales, para huir a las nuevas colonias o ciudades ultraterrestres del futuro.

 

Es desde esta visión transhumanista que Elon Musk pretende colonizar Marte, Peter Thiel quiere conseguir el envejecimiento revertido o Ray Kurzweil quiere subir su mente a un supercomputador y ser cibernéticamente inmortal.

 

Transhumanistas atrapados en un cuerpo equivocado

 

En su artículo “¿Hacia un futuro transhumano?” el escritor y periodista argentino Alejandro Galliano hace un magnífico análisis de este movimiento emergente.

 

Para dicho autor, al igual que la comunidad transexual, los transhumanistas se sienten atrapados en un cuerpo equivocado, solo que para ellos todos los cuerpos son equivocados. Y por eso desean huir de él. Los transhumanistas abogan por la “libertad morfológica” de adoptar cualquier soporte físico que la tecnología permita. O ninguno en absoluto.

 

A la hora de despreciar el cuerpo, los transhumanistas apelan a la “paradoja de Teseo” sobre la renovación de todas nuestras cédulas cada siete años, y se hacen las siguientes preguntas: ¿Se puede pensar que nuestra identidad reside en este cuerpo? ¿Qué hacer con las células cerebrales que no se renuevan? Precisamente en este punto se sustancia, en opinión de Galliano, la esperanza transhumanista en la emulación cerebral.

 

Tal y como señala el citado autor desde que Sandberg y Bostrom publicaron en 2007 “Whole Brain Emulation: A road Map” (Emulación cerebral total: Una hoja de ruta) muchos neurocientíficos adoptaron la premisa de que la actividad cerebral es un software que, de poder escanearse el cerebro, podría ser reproducido en cualquier plataforma.

 

Si pudimos hacer que la música sonase igual en un CD, en un MP3 o en la nube, ¿por qué no podríamos hacer lo mismo con la mente? La mayoría de estas investigaciones se presentan ante la comunidad médica como herramientas de diagnóstico y neuroprótesis. Pero muchos transhumanistas sueñan con poder escanear un cerebro, emularlo, reescribirlo, mejorarlo y subirlo a una computadora. Es por ello que, detrás de estos desarrollos tecno-científicos están los recursos económicos de Thiel y su ex-socio en PayPal, Bryan Johnson, un convencido de que “todo en la vida es un sistema operativo”.

 

El periodista irlandés Mark O’Connell encuentra en el proyecto transhumanista un paradójico materialismo idealista que parte de entender la mente como una simple propiedad emergente de la relación entre cosas físicas para terminar creyendo que es posible separarla del cuerpo para salvarla de cualquier catástrofe, deterioro cognitivo o simplemente, de la muerte. A partir del discutido “principio antrópico cosmológico”, Sandberg concluyó que, para sobrevivir, la humanidad debe expandirse al cosmos, pero según él, solo podrá hacerlo separando la mente del cuerpo y convirtiéndola en energía. Esa confluencia de mente y materia, de humanidad y tecnología, será el paso de la particularidad física a la singularidad. Ese es el salto de la fe del transhumanismo hacia el posthumanismo.

 

Con el advenimiento de la Singularidad profetizada por el ingeniero jefe de Google Ray Kurzweil, la culminación de la fusión entre nuestro pensamiento y existencia biológica y nuestra tecnología, dará como resultado un mundo aún más humano pero que habrá conseguido trascender nuestras raíces biológicas. En el posthumanismo de Kurzweil, el optimismo tecnológico californiano convive con un cosmismo panteísta más propio de la new age o de la “ecología profunda”, que conciben el planeta como un ser vivo (al mismo nivel que una persona humana) y la inteligencia colectiva de la humanidad como su sistema nervioso o Noosfera.

 

Como señala en su artículo Galliano, una vez llegados a este punto, es inevitable concluir con O´Connell que el aparentemente ateo transhumanismo, es también una religión, una teología secular, con su comunión (la singularidad), su transmigración de las almas (la emulación cerebral) y hasta su limbo (la criopreservación).

 

 

Vivir plenamente como humanos

 

Con la confluencia de la ideología del transhumanismo con el “capitalismo de élites” los dos principios del capitalismo occidental, el individuo y la autosuperación, colisionan en un momento histórico en el que para superarnos quizás debamos dejar de ser individuos según el transhumanismo. Podemos agregar que esa contradicción es la que subyace a la competencia entre el “capitalismo meritocrático” estadounidense, hegemónico durante el siglo XX, y el “capitalismo político” chino que puede llegar a convertirse en hegemónico durante el siglo XXI.

 

Ante ese “capitalismo de élites” basado en la ideología transhumanista, que ve el futuro únicamente en la supervivencia o en la huida hacia delante, sin propósito ni sentido, nuestra propuesta de humanismo avanzado ve el futuro centrado en la persona y en vivir plenamente como humanos, persistiendo en el legado humanista clásico que defiende el universalismo, la libertad, la dignidad, la igualdad, la justicia, el pluralismo, la singularidad, la diversidad, la democracia, la empatía y el pensamiento crítico.

 

Un humanismo avanzado para el siglo XXI que profundice en las virtudes morales y en los valores universales para que los hombres y mujeres de nuestro tiempo obremos de acuerdo con el bien, la verdad, la justicia y la belleza del ser humano, y contribuyamos a la armonía, el equilibrio y la conexión entre todos los sistemas vivos de nuestro planeta Tierra y del Cosmos.

 

Autor: Albert Cortina (Abogado y urbanista. Director del Estudio DTUM)

9 febrero 2020

Fuente: http://www.frontiere.eu/transhumanistas-vivir-sobrevivir-o-huir/

 

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