Ética para el desarrollo de la inteligencia artificial II. Geopolítica y control de las sociedades.

Existe una carrera por dominar la IA sobre todo entre las dos grandes potencias mundiales
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La inteligencia artificial se ha convertido en un arma de primer orden para los estados.  Control político, control social, y capacidades policial y militar.  El desarrollo de la inteligencia artificial ha tenido un claro paralelismo en los dos principales competidores en la carrera, los EEUU y China. En ambas potencias el desarrollo empresarial ha ido de la mano de la férrea estructura cívico-militar que ejerce el poder. La distancia de las dos grandes potencias mundiales con el resto del mundo es enorme.

¿Cómo se da esa colaboración? En los Estados Unidos mediante las ayudas financieras (o subvenciones) a los grandes proveedores e impulsores de esta tecnología (software y hardware), y en correspondencia a esto, la participación de los grandes directivos en comisiones de defensa, de seguridad nacional etc…Esta carrera incluye al 5G, tecnología que es la auténtica autopista del desarrollo de la IA. La encriptación y el nivel de seguridad de nuestras comunicaciones dependerá del desarrollo de la IA en torno al 5G, incluso en un futuro en torno la la computación y comunicación cuántica.

China asumió un ambicioso plan estratégico del partido Comunista, que repartió los proyectos a impulsar con las empresas tecnológicas cabeceras, donde cada una asume un papel asignado en determinados plazos, donde cada plataforma paga el peaje de su enriquecimiento con millones de datos faciales y biométricos al gigante asiático.

Según el dosier de la Vanguardia, EEUU todavía está por delante en talento, investigación. Pero en infraestructuras y en estrategia gubernamental está por delante China. China lo tiene claro. Ha planificado sus inversiones sin apenas dudas, sin cuestiones éticas que obstaculicen su estrategia, apunta a una visión “optimista” de la IA desde el punto de vista del empleo y la seguridad nacional. Empresas como Yitu (visión artifical), MinigLamp (inteligencia de mercado), Huawei (infraestructuras de software y hardware), Xiaomi…forman parte de este gran transatlántico con rumbo dominio mundial.

Un estudio de los últimos 20 años sobre publicaciones científicas de IA, muestra que China ha superado con creces a EEUU, al que ya igualó en 2006. En cuanto a la competencia económica en estos aspectos prácticamente están a la par, y se espera en para 2030 (según la revista Nature) esté China a la cabeza.

Pero los americanos, es evidente, no se quedan atrás. Saben de la necesidad de mantener el pulso hasta el final. Google-Alphabet como principal proyecto, y sus figuras duales (Microsoft, Amazon, Facebook, Oracle…), configuran un lobbismo tecnológico en toda regla, que forma parte activa de la administración sea cual sea su signo político. Todas estas empresas se han convertido en auténticos agentes internacionales que representan intereses empresariales y políticos.

En esta línea, no nos sorprende la propuesta de Facebook para su “niña bonita” WhatsApp. Durante el mes de Febrero (Al menos en los EEUU) el gigante de M. Zuckerberg recogerá los datos de nuestras comunicaciones WhatsApp. La app de mensajería finalmente aplicará uno de los objetivos iniciales de la adquisición: compartir los datos de los usuarios de WhatsApp con Facebook. Una serie de cambios en los términos de uso y política de privacidad obligará a los usuarios a compartir sus datos con Facebook para poder seguir usando la app. Esto era esperado.

Son evidentes para todos y para muchos informes, las consecuencias de la IA mal usada: ha supuesto una abierta polarización (redes sociales)

Son evidentes para todos y para muchos informes, las consecuencias de la IA mal usada: ha supuesto una abierta polarización (redes sociales). Hemos visto el caso de Trump y los EEUU. El incremento de la división social producida, gracias a la IA aplicada en las redes sociales.

Sobre China, se ha denunciado el uso de programas de reconocimiento facial para hacer seguimiento de perfiles de raza, como la de los uigures. Según el New York Times, esta tecnología “marca el comienzo de una nueva era de racismo automatizado” y está permitiendo ya que su gobierno vigile las idas y venidas de 11 millones de uigures, tanto dentro como fuera de las fronteras de su región natal, Sinkiang. De hecho, 16 departamentos de policía provinciales y regionales (por ejemplo, en la región costera de Fujian) habrían adoptado ya esta nueva tecnología.

Tampoco es que a China le preocupe mantener este programa en secreto: CloudWalk, una de las compañías proveedoras de esta tecnología, afirma en su web corporativa que uno de los posibles usos de la misma es programar alertas (dirigidas a la policía) si en un determinado plazo de tiempo aparecen cierto número de uigures por un vecindario.

El desarrollo de la IA en el control de las sociedades, en la polarización de sus sesgos ideológicos, basados en generar una mayor visceralidad, tiene consecuencias políticas de extrema gravedad. Lo hemos visto en el Capitolio, los hemos comprobado en Birmania…y muchos etcéteras que no conocemos, tan solo podemos intuir.

Es necesario el control del desarrollo de la Inteligencia Artificial por parte de los pueblos, políticamente hablando. La sociedad ha de hacer frente al maridaje entre estos gigantes y los gobiernos, porque al final las libertades se acotan a tal extremo, que apenas nos reconocemos como personas libres y protagonistas de nuestras vidas. Todo un desafío para nosotros y las generaciones venideras.

Alberto Mangas

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