Metaverso, y cómo percibiremos nuestro cuerpo en un «avatar»

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El entorno requerirá avatares que nos representen virtualmente. Las opciones hiperrealistas podrían agravar trastornos sobre la propia imagen y la salud mental, y los más personalizables podrían influir en distintas ideologías que se alejan cada vez más de la corporeidad.

Si estos avatares realmente están en camino, entonces tendremos que enfrentarnos a algunas preguntas difíciles sobre cómo nos presentaremos a los demás. ¿Cómo podrían estas versiones virtuales de nosotros mismos cambiar la forma en la que nos sentimos acerca de nuestro cuerpo, para bien o para mal?

Los avatares no son un concepto nuevo, por supuesto. Los gamers llevan décadas usándolos: las criaturas cuadradas y pixeladas de Super Mario han dado paso a las formas hiperrealistas de Death Stranding, que reaccionan y se mueven inquietantemente como un ser humano, vivo de verdad.

Pero la cuestión de cómo usamos los avatares se vuelve más complicada cuando esperamos que actúen como representaciones de nosotros mismos más allá del contexto de un videojuego específico. Una cosa es ponerse un mono de trabajo y hablar con el acento de Mario y otra, crear un avatar que actúe como nuestro embajador, como la representación de nosotros mismos. Los avatares del metaverso participarán en algunas situaciones que podrían implicar riesgos mayores que un tesoro en el aire. En entrevistas o reuniones, esta autopresentación podría tener un papel más importante y mucho más relevante.

¿Es probable que los avatares sean nuestra forma principal de comunicación e interacción dentro de pocos años?

La investigadora jurídica de la Universidad de Australia Occidental y coautora de un artículo que pronto se publicará sobre el metaverso de Meta, Noelle Martin, ya se plantea esas preocupaciones. En un correo electrónico afirma: «Si las personas pueden personalizar sus avatares humanos virtuales hiperrealistas en 3D, o alterar, filtrar y manipular sus identidades digitales, [existe] una preocupante probabilidad de influir en la dismorfia corporal, en la dismorfia de selfies y en los trastornos alimentarios… [creando] estándares de belleza ‘irreales e inalcanzables, especialmente para las chicas jóvenes».

Ese miedo no es infundado. Facebook ha sido criticado por silenciar su investigación interna que indicaba que Instagram tenía un efecto tóxico en la imagen corporal de las adolescentes. Un reportaje del Wall Street Journal ha descubierto que el contenido de la app que se centra en el cuerpo y en el estilo de vida hace que los usuarios sean más susceptibles a la dismorfia corporal. Pero en el metaverso, donde los avatares serán la forma principal de presentarnos en muchas situaciones, las personas vulnerables podrían sentir aún más presión para modificar su apariencia.

Fuente de la información:  Technology Review MIT

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