EL BIEN COMÚN Y LA VOCACIÓN PROFESIONAL

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EL BIEN COMÚN Y LA VOCACIÓN PROFESIONAL (Documento de referencia)

  1. EL BIEN COMUN

Podemos definir Bien Común como el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y fácil de la propia perfección, es decir, el desarrollo pleno e integral de su naturaleza.

Características del Bien Común

  1. El Bien Común expresa el bien de una comunidad y se concreta en bienes comunes.
  2. El Bien Común es el bien de todos y de cada uno.
  3. Es dinámico y vital
  4. Se emprende sobre la base de valores/principios éticos universales.
  5. Igualdad de los particulares ante el Bien Común.
  6. Gradualidad en la aplicación del Bien Común. Han de ser benificiados, primariamente, los más débiles y los más necesitados.
  7. El Bien Común es integral, abarca todas las dimensiones del hombre (material, espiritual, individual, comunitario).
  8. Debe respetar la ley natural y la dignidad humana.
  9. La política del Bien Común está fundamentada en la dignidad humana y, por ello, implica el reconocimiento de los derechos fundamentales de las personas.
  10. El Bien Común hace compatible la autoridad y el poder con la esencial libertad humana.
  11. Implica, a nivel económico, la justa distribución de las riquezas.
  12. Que el estado además debe promover el bienestar espiritual de sus ciudadanos fomentando, protegiendo y respetando su libertad.
  13. Las leyes son el principal instrumento de que se vale un gobierno para realizar el Bien Común.
  14. El Bien Común como paz social.

El Bien Común en la sociedad liberal contemporánea

Lo característico de estas doctrinas liberales no es su verdad, sino su razonabilidad, concepto mucho más flexible que la verdad moral de cara a la justificación pública de un régimen constitucional. La ventaja de mantenerse en lo razonable es que no tiene por qué haber una doctrina verdadera sino que pueden existir muchas doctrinas razonables. En este sentido puede parecer razonable eliminar a un niño antes de nacer, eliminar a un viejo o a un enfermo mental, …

El bien común (liberal) viene por ello considerado, en su elemento formal institucional, como el conjunto de instituciones y estructuras sociales que permiten coordinar la acción libre de los ciudadanos en pos de sus particulares fines y concepciones del bien. El bien común en este sentido está identificado simplemente con el mantenimiento de un orden social de libertad individual como valor y fin último, pero sin referencia a la verdad del bien humano.

Bien Común y Política

En nuestro tiempo es preciso trabajar por una política que se fundamente en una concepción ética del Bien Común porque sólo desde ahí será posible dar soluciones de altura humana a los problemas políticos actuales.

Una sociedad que, en todos sus niveles, quiere positivamente estar al servicio del ser humano es aquella que se propone como meta prioritaria el Bien Común, en cuanto bien de todos los hombres y de todo el hombre. El Bien Común es un deber de todos los miembros de la sociedad. Exige la capacidad y la búsqueda constante del bien de los demás como si fuese el bien propio.

La responsabilidad de edificar el Bien Común compete, tanto a las personas particulares, como al Estado, porque el Bien Común es la razón de ser de la autoridad política. En un Estado democrático, en el que las decisiones se toman ordinariamente por mayoría entre los representantes de la voluntad popular, aquellos a quienes compete la responsabilidad de gobierno están obligados a fomentar el Bien Común del país, no sólo según las orientaciones de la mayoría, sino en la perspectiva del bien efectivo de todos los miembros de la sociedad.

Bien Común y Solidaridad

La solidaridad es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos.

Desde este punto de vista, el fin del Estado es hacer posible la solidaridad, es decir, que las personas podamos encontrarnos con otras personas e interactuar corresponsablemente para construir entre todos una vida personal y social más humana.

El Bien Común es el bien propio de la SOLIDARIDAD. Ésta no es el resultado de una sumatoria de esfuerzos individuales sino el fruto de la reciprocidad, de la amistad interpersonal.

Trabajar por el Bien Común. Estructuras de liberación y promoción

Es necesaria una sanidad nueva, una justicia diferente, una educación diferente, una ciencia y una tecnología al servicio de las necesidades humanas. Eso solo será posible si diferentes profesionales son capaces de trabajar juntos por el Bien Común con el afán de generar iniciativas reales y concretas que vayan sustituyendo el actual entramado institucional por otro que impulse una auténtica promoción de la persona.

El Bien Común como vocación. La vocación profesional

Lo que está en el origen de la vida social es una vocación. La vocación es una llamada a una plenitud, que no podemos nosotros solos alcanzar y que nos interpela e invita a construir la solidaridad en la que se realiza el bien de la persona.

La construcción del Bien Común, es decir, el bien de todos y de cada uno es la concreción de esa vocación que se objetiva en diversas dimensiones que podríamos también llamar “vocaciones”.

Por un lado, está nuestra vocación sexual como varón o mujer que constitutivamente nos orienta (masculinidad y feminidad) a la unión con el otro.

Una segunda vocación es la vocación de estado.

En tercer lugar, está la vocación profesional, con la que trasformamos la realidad material y social desarrollando nuestros dones y cualidades y haciéndolos converger solidariamente con las necesidades de la sociedad.

Todos los hombres estamos llamados a transformar la realidad desde el trabajo porque solo desde ahí es posible construir el Bien Común. El trabajo es lo único que genera riqueza y es lo único que puede construir una sociedad más justa, más libre y humana donde todos seamos realmente responsables de todos.

Formar una red de profesionales por el Bien Común es, sin duda, una labor que puede construir solidaridad y dar sentido a nuestras profesiones.

Finalmente, esta la vocación política mediante la cual nos responsabilizamos todos de la organización del espacio y del tiempo de la convivencia como comunidad social. Su fin es la justicia y el Bien Común.

 

  1. LA VOCACION PROFESIONAL

Estamos en un momento que algunos han calificado como cambio de época. Un cambio impulsado fundamentalmente por la revolución tecnológica. El actual neocapitalismo necesita una pequeña cantidad de mano de obra hipercualificada y el resto debe someterse a ser descartados viviendo de subvenciones estatales o trabajar en una pléyade de trabajos bajo demanda que son una autentica degradación de las relaciones sociales ya que nos convierte a todos en cómplices de la esclavitud y la precariedad de todos.

El actual sistema frustra y destruye la vocación profesional. Nadie nos puede robar la dignidad de ser personas llamadas a ser protagonistas de nuestro ser y vivir. Cada uno de nosotros, tenemos una vocación y una misión concreta, única, irrepetible en un momento dado del proceso histórico, que está orientada al bien personal, familiar y sociopolítico.

Es necesario fortalecer el sentido de vivir, los motivos de esperanza y la alegría diarias que el sistema se esfuerza en destruir sobre todo en las generaciones más jóvenes. Y sobre todo aceptar este reto en la nueva etapa de globalización.

La profesión y, como consecuencia el trabajo, es un ámbito privilegiado para poder construir una sociedad más justa y libre desde y con la propia promoción profesional. Una persona vocacionada es creativa y dinámica. Para una persona vocacionada el tiempo se ensancha multiplicando posibilidades e iniciativas.

Se trata, en una palabra, de los bien vocacionados y los mal vocacionados. Los primeros, y solamente los primeros, son los que promueven los avances  del  saber  humano  en  todos  sus  aspectos  y categorías, desde el sabio genial al profesional de ínfima categoría; cada uno en su órbita. Los que pudieron seguir su vocación profesional viven sin amargura, porque el trabajo no es para ellos una esclavitud, sino una liberación, en el que ponen lo mejor que tienen”. (COPIN 43/59)

Reseña histórica del trabajo y de los trabajadores al servicio del Bien Común

La profesión como servicio al bien común en la historia

  1. En el mundo griego y romano, el trabajo físico se consideraba tarea de esclavos y siervos. El sabio, el hombre verdaderamente libre, se dedicaba únicamente a las cosas espirituales.
  2. La Edad Antigua. El trabajo que exigía el uso de la fuerza física, el trabajo de los músculos y las manos era considerado indigno de hombres libres y por ello era ejecutado por los esclavos.
  3. Absolutamente diversa era la tradición judaica. En general los rabinos ejercían, al mismo tiempo que su función religiosa, una profesión artesanal.
  4. Un salto cualitativo se produce con la aparición del cristianismo.

El cristianismo expresa una actitud radicalmente positiva del trabajo humano; manifiesta cómo el fundamento para determinar el valor del trabajo humano no es en primer lugar el tipo de trabajo que se realiza, sino el hecho de que quien lo ejecuta es una persona.

La concepción cristiana enseñaba que lo más importante era servir a los demás antes que ser servido, a dar gratuitamente las cualidades que hemos recibido y a no imitar a los poderosos de los pueblos y naciones que siempre les oprimen y esclavizan.

  1. Las primeras redes de familias cristianas. Los cristianos de los primeros siglos incorporaron, tanto en la cultura griega como en la romana, a través de sus obras literarias y escuelas filosóficas (Roma, Antioquía, Alejandría) esta dignidad del trabajo, así como su dimensión solidaria.
  2. Pero fue en el monaquismo cristiano, tanto oriental como occidental, donde más se desarrollaron esta espiritualidad y esta cultura del trabajo como servicio. Tanto el trabajo manual como intelectual, sin menosprecio de uno y de otro, estaba integrado en la vida contemplativa de los monjes que poblaban Europa.
  3. Pero el gran salto respecto a la profesión como servicio, se produce en la Baja Edad Media con el desarrollo del artesanado con su red de familias asociadas en gremios.
  4. El artesanado se va asociando en gremios con su estructura de maestros, oficiales y aprendices. Los artesanos, así asociados, eran los trabajadores “punta” del cambio. Tenían como poder el conocimiento profesional colectivo (Catedral de Salisbury).

Sus reglamentos y ordenanzas fijaban estrictamente la ordenación del mercado local, evitando la competencia entre ellos -fijación de la fabricación, salarios, precios, técnicas e instrumentos precisos a emplear-, y las funciones concretas de los maestros, oficiales y aprendices. Del cumplimiento de estas ordenanzas se encargaban unos jurados elegidos por los propios gremios. Hasta el propio rey se veía obligado a respetarlas. Tal era el peso sociopolítico que tenían.

  1. Este periodo de la historia del trabajo tampoco puede entenderse sin la referencia a las cofradías. Estas eran asociaciones urbanas formadas por familias de artesanos, no solo para fines religiosos sino también socioeconómicos. Al igual sucedía con las hermandades en el ámbito rural y costero. En ellas se comenzó a cultivar una mentalidad que revalorizaba la familia, la dignidad del trabajo y la atención a los pobres. Estos valores los volvemos a ver desarrollados en el naciente movimiento obrero de los siglos XIX y XX.
  2. A esta época le corresponde también el nacimiento de las escuelas y universidades. La nueva estructuración socioeconómica favorece la actividad de las escuelas urbanas, a las que asisten muchos profesionales. De ser simplemente escuelas de enseñanzas básicas y medias pasarán a ser centros intelectuales, son centros en los que se cultivarán la reflexión personal, las preguntas y las objeciones y la discusión.
  3. Etapa del Renacimiento (Edad Moderna. s XV-XVIII)

Los gremios medievales no tendían a acentuar diferencias individuales en el seno de los talleres de una ciudad; el esfuerzo colectivo de control del gremio indica dónde se han hecho una taza o un abrigo, no quién los ha hecho. En cambio, en la cultura del Renacimiento, aportar el nombre del autor de objeto se hizo cada vez más importante para la venta de una amplia variedad de bienes, incluso de los más prosaicos… El artista del Renacimiento podría perfectamente constituir el emblema del primer hombre moderno.

La revolución industrial y el cambio profundo en la concepción del trabajo y del trabajador

El conflicto Capital-trabajo

El trabajo empezó a considerarse una especie de mercancía que el trabajador vendía a los empresarios, que poseían  el capital, o sea el conjunto de los instrumentos de trabajo y de los medios de producción. Los empresarios, guiados por el principio del máximo rendimiento y lucro, trataban de establecer el salario más bajo posible para el trabajo realizado por los obreros. A esto hay que añadir también otros elementos de explotación como la falta de seguridad en el trabajo y también de garantías sobre las condiciones de salud y de vida de los obreros y de sus familias.

El movimiento obrero

Los trabajadores de la naciente etapa industrial, humillados por la miseria de los suburbios y la explotación capitalista, que contrastaba con la cultura del trabajo cultivada en los gremios de los que procedían, reaccionan contra este modelo capitalista.

La respuesta de la cultura obrera al principio de competencia postulado por la burguesía es el espíritu cooperativo. El protagonismo de los trabajadores (autogestión), el internacionalismo proletario y la solidaridad como la fuerza de los pobres.

La cultura obrera

Sin tener “cabeza propia” no podía existir una promoción integral y un nuevo orden social más justo e igualitario. Esta cultura partía vitalmente del principio del Bien Común.

La cultura obrera podía ser, sin grandes conocimientos intelectuales y teóricos, portadora de valores humanos, espirituales y morales. El valor de una cultura no debe medirse en modo alguno por el volumen de conocimientos científicos o universitarios que una persona pueda poseer, sino por su altitud moral.

Otra característica de la cultura obrera es su aspiración a la paz y a la fraternidad. Eliminar la economía como la instancia suprema de las relaciones interhumanas y colectivas.. La respuesta de la cultura obrera al principio de competencia postulado por la burguesía es el espíritu cooperativo.

Movimiento Obrero y Cristiano

Con León XIII surge la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) para analizar desde la fe, pero ayudada por las diversas ciencias, los graves problemas sociales y sus causas, y trazar orientaciones prácticas para el quehacer ante esta situación. Dos han sido los objetivos más concretos de la misma: la denuncia de la injusticia y la explotación, sobre todo de los más pobres, en primer lugar y orientar líneas de respuesta para la construcción de una sociedad más justa y fraterna según los valores inculturados del evangelio.

La nueva etapa de la globalización: nuevos retos a afrontar

Muchas de las profesiones anteriores desaparecen y surgen otras nuevas. El fenómeno de la flexibilidad laboral comienza a verse como normal. La nueva división del trabajo que impone el neocapitalismo internacional necesita en esta etapa de un amplio mercado de trabajadores con título universitario. Son los trabajadores del sector servicios. Estos trabajadores del sector servicio son piezas clave del sistema.

Algunas conclusiones provisionales

Desde Profesionales por el Bien Común queremos que toda persona pueda orientar su vida profesional hacia su vocación a la justicia y a la solidaridad.

Estamos convencidos que la profesionalidad tiene dos dimensiones íntimamente relacionadas:

  1. Una dimensión técnica fundamental para que el trabajo esté bien hecho y pueda transformar la realidad material y social.
  2. Una dimensión ética o moral que hace que lo técnicamente posible esté orientado hacia el BIEN COMÚN que es, al mismo tiempo, personal, comunitario y social.

Concluimos con unas convicciones que deben hacerse propias y que evidentemente se proponen para nuestra reflexión de fondo en relación con este tema:

  1. Es necesario el cultivo de una firme decisión interna para poner, desde abajo, todas nuestras capacidades y nuestra profesión al servicio de los demás y en especial de los últimos de la sociedad.
  2. Es necesaria una conciencia lúcida de la dimensión institucional e histórica de nuestra vida que nos ayude a entender el mundo en que estamos, la interrelación de los problemas y de las soluciones. Una conciencia que nos ayude a asumir el protagonismo de nuestras vidas.
  3. Es más necesario que nunca el trabajo en equipo, donde vayamos poniendo en común, en esta época de globalización, todos los conocimientos, iniciativas y las experiencias que vayamos teniendo o tengan otros.

Formar buenos profesionales tanto técnicamente como moralmente para que su vocación-profesión sea un servicio del Bien Común de toda la sociedad (es el objetivo de PBC).

  1. Debemos trabajar juntos, solidariamente, para que nuestra vocación profesional encuentre sentido en el trabajo por las necesidades de la humanidad, especialmente de los más empobrecidos y humillados.

 

Documento de referencia de Profesionales por el Bien Común (Abril de 2024)

 

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