La colonización del cerebro humano. Una cuestión profesional y política fundamental

Una cuestión profesional y política fundamental.

Una de las tendencias científicas, profesionales y por tanto políticas claves de la llamada «Cuarta revolución industrial» es el conocimiento del cerebro humano. Ello lo demuestra las iniciativas «BRAIN Initiative», en Estados Unidos, o el «Human Brain Project (HBP)», en Europa. El potencial de estas investigaciones es incuestionable y su ambivalente utilización también. Sabemos que la ciencia y tecnología nunca son neutrales y las investigaciones, aparentemente “objetivas” siempre están sesgadas en la dirección que interesa a quienes  las financian y por tanto a quienes las dirigen[1].

 

Las investigaciones en neurociencia para tratar enfermedades neurodegenerativas, revertir adicciones  o actuar sobre el dolor crónico, etc  están jugando un papel fundamental. Pero no menos fundamental es el conocimiento del cerebro humano para controlar y dirigir la conciencia y la voluntad, es decir, la libertad y la responsabilidad de las personas y de la sociedad. La neuroeconomía o el neuromarketing son disciplinas que ya van teniendo un recorrido lo suficientemente largo como plantearse qué uso se está haciendo de las mismas. Si además tenemos en cuenta la acumulación de datos y metadatos de las personas y la utilización de algoritmos de todo tipo para analizarlos, clasificarlos y dirigirlos  hacia determinadas decisiones (económicas y políticas), la conformación de una gran hermano digital es algo real. No es extraño ya el temor abierto a la injerencia política incontrolada en las campañas electorales por parte de la intoxicación digital de información aprovechando, sin duda, los mecanismos neurológicos de la toma de decisiones.

 

En el fondo,  la conexión entre el alma y el cerebro es uno de los debates más importantes que están condicionando tanto las investigaciones básicas como sus aplicaciones biotecnológicas. El materialismo cientifista hegemónico reduce el alma y por tanto la conciencia a un subproducto  del cerebro. Modificando la base material (bioquímica y biofísica) del cerebro el alma es susceptible de conformarse al margen de la libertad del ser humano.

 

Por otro lado, los que se oponen a este reduccionismo del ser humano consideran el alma y por tanto la conciencia como algo de una naturaleza distinta de lo que sería el cerebro pero con el que mantiene una unidad que debe ser respetada puesto que esa unidad es constituyente de la dignidad personal de cada ser humano. Nuestros pensamientos más íntimos, nuestras emociones y sentimientos, nuestros recuerdos, la conciencia moral de nuestras acciones,  etc. son nuestro mismo ser. Por ello, este tipo de investigaciones exigen una serie de consideraciones éticas especiales ya que la conciencia es lo más profundo de la identidad de cada persona.

 

En el terreno de la cognición también se abren debates éticos y políticos de gran altura. ¿Habrá seres humanos que puedan mejorar sus aptitudes cognitivas por tener suficientes recursos y otros no? ¿No se estará generando ya una nueva diferenciación entre humanos y transhumanos “mejorados” cerebralmente? ¿Cómo van a influir estas “mejoras” en desarrollo político de la humanidad?

Otro punto clave es el terreno de las adicciones (drogas, sexo, consumismo,  juego, tecnología, etc). El conocimiento de los mecanismos de la adicción, ¿no va  servir para descartar socialmente a una gran parte de la población a la que se está induciendo a estas nuevas dependencias? ¿Hasta qué punto van a llegar las responsabilidades morales y legales de las nuevas adiciones?

Otro campo de investigación especialmente delicado desde el punto de vista moral son los experimentos con tejido cerebral ex vivo, organoides cerebrales o quimeras cerebrales humanas.[2]

En definitiva, la “colonización del cerebro humano” exige de todos una grave conciencia de lo que puede suponer o está suponiendo ya  para la humanidad.

Profesionales por el Bien Común creemos que este es uno de los campos fundamentales donde el Bien Común se juega  de una forma decisiva en los próximos años.

 

Carlos Llarandi Arroyo

Profesionales por el Bien Común

[1] http://profesionalesporelbiencomun.com/?s=alfonso+gago#.W1tv1dVKiG4

[2] https://www.observatoriobioetica.org/2018/07/nuevas-experiencias-con-cerebros-avivan-el-debate-bioetico/28338

Written by Carlos Llarandi

Carlos Llarandi Arroyo. Químico. Profesor de Ciencias. Greenwich School.Madrid. Análisis de Sistemas Dinámicos.Nabucco Center.Spin-Off Universidad de Sevilla. Máster Ciencias Matrimonio y Familia y Máster en Doctrina Social de la Iglesia. Madrid. Science & faith. Barcelona. @carlosllarandi