El suicidio demográfico

Cuando en una sociedad no nacen niños…

Cuando en una sociedad no nacen niños, no se conciben o se los aborta antes de nacer es porque es una sociedad sin esperanza, es decir, sin confianza en el futuro. Si a esto se le añade  la creciente xenofobia, el diagnóstico es muy grave.

Vivimos una civilización donde economía, política y cultura han difuminado sus fronteras. Todo problema humano es ya un problema integral y global . ¿Qué pone de manifiesto esta caída de la natalidad? ¿Un problema económico?, ¿político? ¿cultural?

Lo más inquietante de todo es que a la casta política actual no parece importarle mucho uno de los mayores problemas sociales. Las agresiones económicas,  políticas, morales e ideológicas que está sufriendo el matrimonio y la familia están en la base de esta crisis civilizatoria.

Solo una autentica revolución cultural que prime la vida y la solidaridad tiene futuro.

En 2017 se produjo una bajada generalizada del número de nacimientos y/o de la tasa de fecundidad en prácticamente todos los países enriquecidos en algunos casos de enorme magnitud.

Hace cosa de unos diez años, parecía que la fecundidad iba remontando poco a poco en algunos países enriquecidos -en especial en los países nórdicos, Francia y el mundo anglosajón-, que fueron los primeros en los que, históricamente, la natalidad alcanzó niveles muy bajos. Hasta en España se notaba alguna mejoría en las bajísimas tasas de fecundidad, debida sobre todo al aporte de mujeres inmigrantes. Pero a partir de 2009 a 2012 comenzó una nueva tendencia a la baja en Occidente en las tasas de fecundidad (número de hijos por mujer). Y las pocas naciones occidentales que hacia 2010 rozaban o se acercaban bastante a la fecundidad de reemplazo (2,1 hijos por mujer en ellos), aunque siempre por debajo, han vuelto a alejarse de manera apreciable de ese deseable umbral, el que permite la continuidad demográfica a largo plazo.

– Estados Unidos

La fecundidad cayó desde 1,76 por mujer -y menos de 1,70 en el caso de las blancas-, desde 1,82 en 2016, y  2,12 hijos por mujer en 2007.

– Francia, Irlanda y los países escandinavos

Hace unos pocos años eran las referencias por alta fecundidad en Europa, así como en ayudas a la natalidad. Y los países escandinavos, en concreto, eran el modelo a imitar en toda Europa. También Francia. Pues parece que ya su modelo de apoyo a la natalidad se está agotando. En solo siete años, en conjunto, los países nórdicos han pasado de casi dos hijos por mujer, a poco menos de 1,70 (y 1,60 o menos en el caso de las autóctonas). En el caso de Francia, en el mismo intervalo, se ha pasado de 2,02 hijos por mujer a 1,84 (y sin la aportación de las francesas musulmanas, principalmente magrebíes, estaría en torno a 1,70 o menos). Y en Irlanda se ha pasado de 2,1 hijos por mujer en 2009 a 1,8 en 2017. De estos países, en 2017 tocaron su mínimo de fecundidad de las series históricas documentadas Noruega, Finlandia, Islandia e Irlanda.

– Reino Unido.

Ha pasado de 1,92 hijos por mujer a 1,76 en 2017 (y 1,70 o menos en el caso de las madres de raíces autóctonas, las “británicas de toda la vida”, que solo dan ya a luz al 60% de los bebés británicos, según la estadística oficial del país).

– Otros países anglosajones (Canadá, Australia, Nueva Zelanda).

Los tres tuvieron caídas en 2017 en sus índices de fecundidad (que fueron de 1,53 hijos por mujer ese año en Canadá, 1,77 en Australia y 1,81 en Nueva Zelanda).

– Alemania.

Tras ser el país con menor fecundidad media del mundo entre 1974 y 2014, con más fallecimientos que nacimientos desde 1972, está ofreciendo ayudas familiares muy considerables. En parte como consecuencia de ello, y sobre todo, de la numerosa inmigración recibida en los últimos años, los nacimientos y la fecundidad habían experimentado un cierto repunte en Alemania entre 2012 y 2016, en sus dos terceras partes debido a los bebés de madres extranjeras. Pero este aumento se truncó en 2017, con la primera caída en nacimientos y tasa de fecundidad en cinco años, caída que prosigue en lo que va de 2018.

– Suiza, Austria y Luxemburgo.

Tres países con una elevadísima renta per cápita en los que la tasa de natalidad es apenas superior a la española, con 1,52 hijos por mujer en Suiza y Austria (y 1,4 o menos las mujeres autóctonas), y 1,39 en 2017 en Luxemburgo (y 1,2 las luxemburguesas nativas). En los tres cayó la fecundidad en 2017.

– Holanda y Bélgica.

Otros dos países muy ricos que sufrieron caídas del 3% en su fecundidad en 2017, hasta 1,61 en el caso holandés, y 1,63 en el belga (y en este último país, la fecundidad de las nativas estaría en torno a 1,50).

– Italia.

En 2017, la tasa de fecundidad oficial no varió, si bien hubo una notable caída en los nacimientos, por décimo año consecutivo. En los últimos 25 años, solamente en dos de ellos han superado en Italia los nacimientos a los fallecimientos, y por poco. En 2017, murieron casi 190.000 residentes en Italia más de los que nacieron, y el saldo de los italianos autóctonos fue aún más negativo.

–España.

En España cayeron los nacimientos casi un 5% en 2017, por noveno año consecutivo, falleciendo 31.000 personas más de las que nacieron (y a falta de datos definitivos, estimamos que hubo no menos de 100.000 muertes de españoles autóctonos más que nacimientos de madres nativas españolas).

– Portugal y Grecia.

Otros dos países del sur de Europa en barrena demográfica, con una fecundidad bajísima, y más muertes que nacimientos desde hace años. En Portugal, los nacimientos cayeron un 1% en 2017. En Grecia, un 5%.

– Rusia.

Las autoridades muy preocupadas por la sangría poblacional que sufrieron entre 1991 y 2011 (con trece millones de muertes más que nacimientos en total en ese lapso), pusieron en marcha hace años un amplio plan de estímulo de la natalidad, que pareció dar frutos entre 2012 y 2016, años en los que aumentaron los nacimientos. Pero en 2017, todo lo que se había mejorado desde 2012 pareció evaporarse de golpe, al caer un 8% el número de alumbramientos.

–Ucrania.

Sufrió en 2017 una enorme caída en los nacimientos (8%). Desde 1991, en Ucrania hay más fallecimientos que nacimientos, habiendo perdido por esta causa más de 6,7 millones de habitantes en los últimos 27 años.

–China.

Los nacimientos cayeron un 3,5% en 2017, tras el apreciable repunte que siguió en 2016 al anuncio realizado el año previo por el gobierno chino de que la -suicida- política de hijo único dejaba de estar en vigor.

-Japón.

Los nacimientos cayeron otro 3% en 2017. Hubo casi 400.000 muertes más que nacimientos.

–Corea del Sur.

Sufrió en 2017 una caída de nacimientos parecida a la de Rusia pero aún más pronunciada: 10%. Y su fecundidad tocó sus mínimos históricos, y tal vez los mínimos mundiales de 2017: 1,05 hijos por mujer.

–Taiwán.

Otro tigre asiático demográficamente tocado, en el que los nacimientos se desplomaron un 7% en 2017, y la fecundidad descendió hasta unos escuálidos 1,11 hijos por mujer.

–México y Turquía.

Estos dos grandes países emergentes experimentaron caídas de nacimientos y fecundidad en 2017, año en el que ambos entraron en territorio “suicidio demográfico”, por una fecundidad inferior a la necesaria para el reemplazo de la población. En el caso de México, el descenso en los nacimientos y la fecundidad fue especialmente pronunciado en 2017 (en torno al 5%).

Casi las únicas noticias positivas en 2017 en materia de natalidad ( que no en otros aspectos como la solidaridad con los inmigrantes empobrecidos) en el mundo desarrollado llegaron de algunos países del Este de Europa, como Polonia, Hungría o Rumanía, que en los últimos años se están tomando muy en serio su gravísimo problema demográfico.

En conclusión, el suicidio demográfico de los países enriquecidos y ya de muchos empobrecidos es una manifestación brutal  del sistema neocapitalista global que domina el mundo. La pregunta es si está siendo inducido deliberadamente por las principales élites que gobiernan en planeta o es una respuesta espontánea de una sociedad que en conjunto ha perdido la esperanza en el futuro ante la imposición de una cultura de muerte abanderada por el individualismo, el materialismo y el hedonismo más groseros.

Carlos Llarandi Arroyo

Profesionales por el Bien Común

Written by Carlos Llarandi

Carlos Llarandi Arroyo. Químico. Profesor de Ciencias. Greenwich School.Madrid. Análisis de Sistemas Dinámicos.Nabucco Center.Spin-Off Universidad de Sevilla. Máster Ciencias Matrimonio y Familia (pte tesina) y Máster en Doctrina Social de la Iglesia. Madrid. Science & faith. Barcelona. @carlosllarandi


Que se puede pasar Bachiller con una suspensa; esto es mediocridad para los pobres y excelencia para los ricos

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