Frente al utilitarismo tecnológico: “Que el hombre sea el gigante y la máquina su juguete”

Debemos al menos invertir las proporciones, de modo que el hombre sea el gigante y la máquina su juguete. 
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La técnica ha de estar al servicio de la sociedad, no debe ser una herramienta de sometimiento.

Dos ejemplos desde G.K Chesterton y Guillermo Rovirosa.

El utilitarismo como ética neocapitalista de la tecnocracia

La ingeniería y la técnica (los ingenieros y técnicos) se acomoda con facilidad a las estructuras que oprimen a los más pobres, sin cuestionar apenas las consecuencias que generan sus acciones como correas de transmisión del sistema, salvo raras excepciones.  La estructura y filosofía de las universidades actuales favorece esta situación, porque son instituciones orientadas al lucro y al poder, a las estructuras empresariales y no a la búsqueda de la verdad y de la justicia.

Ser ingeniero o técnico ¿para qué? En primer lugar para cuestionar las consecuencias del desarrollo tecno-científico

El abordaje de las nuevas tecnologías desde una perspectiva del Bien Común, nos ha de llevar a cuestionar este utilitarismo que se ha instalado como “doctrina ética”.  En la actualidad, en el desarrollo de las nuevas tecnologías, impera una razón utilitarista, una razón calculadora que se inserta también en los cerebros de los sistemas “inteligentes”. Se trata por tanto de cuantificar, pero desde una convicción de que la racionalidad consiste en conseguir el máximo bienestar, de unos pocos. Este hedonismo social insertado en las conciencias tiene como premisa el cuantificar desde los parámetros del mercado el coste-beneficio de los posibles daños colaterales de las tecnologías. La ética se convierte así en una rama de la economía, que no tiene en cuenta una perspectiva universal, los pobres no se miden, y por tanto no existen, como mucho se les amplía el margen de sufrimiento. Y así se llega a la pregunta ¿pueden sufrir más? o incluso, si sobran definitivamente.

“Que el hombre sea el gigante y la máquina su juguete”

El mito del progreso. Fascinados y ciegos.

Para el gran escritor inglés G.K. Chesterton, las máquinas han fascinado a los seres humanos, con su mito del progreso, pero sus efectos perversos apenas se comprenden. Afirma en La fábula de la máquina (Cap.13 de Esbozo de sensatez): Me parece tan materialista condenarse por una máquina como salvarse por una máquina. Me parece tan idólatra blasfemar de ella como adorarla (13-02). Y más adelante: La forma mejor y más breve de decirlo es que en vez de ser la máquina un gigante frente al cual el hombre es un pigmeo, debemos al menos invertir las proporciones, de modo que el hombre sea el gigante y la máquina su juguete. 

Buscar la verdad y la justicia, y si hace falta, romper la máquina.

Guillermo Rovirosa militante cristiano pobre, además de técnico e investigador, en su búsqueda permanente de la verdad, percibía las consecuencias que la técnica podía tener en los pequeños y los más pobres. Rovirosa completó la carrera de ingeniero industrial y ejerció la investigación con éxito, hasta el punto de que la «Phillips» le quiso comprar una máquina suya de empaquetado que hubiera suprimido el trabajo para centenares de empleadas, lo que le llevó a romper la máquina y escribir aquel pensamiento:

«El sufrimiento de una mujer en paro es un valor superior a toda la técnica de la tierra».

 

Alberto Mangas

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