Silicon Valley tiene un don innegable para vender el futuro. Si uno escucha a los grandes líderes tecnológicos, la Inteligencia Artificial se alimentará próximamente de fuentes de energía dignas de una novela de ciencia ficción. Meta acaba de firmar un acuerdo para obtener energía solar directamente desde satélites en el espacio, mientras que figuras como Sam Altman, CEO de OpenAI, aseguran que la fusión nuclear es la gran «bala de plata» que salvará al sector.

Algunos expertos destacan que la fusión nuclear ha dejado de ser una promesa a 20 o 50 años para convertirse en una realidad inmediata y comercial.
Viabilidad Económica y Compromisos Comerciales: Ya existen acuerdos de compra de energía firmados por gigantes tecnológicos; por ejemplo, Microsoft tiene un contrato para recibir energía de fusión en 2028 y Google para 2030. Actualmente, hay más de 12.000 millones de dólares de capital privado invertidos en unas 50 empresas emergentes (startups) a nivel global.
Sin embargo, basta con bajar la mirada de las estrellas a la tierra para encontrarse con una realidad mucho más humeante. Para alimentar al insaciable «monstruo energético» que ha desatado la IA, las grandes tecnológicas están recurriendo a la tecnología del pasado. Tal y como explican desde Axios, la carrera por dominar la inteligencia artificial está acelerándose a un ritmo tan vertiginoso que los ambiciosos objetivos climáticos de la industria están pasando a un discreto segundo plano. Hoy, la nube más sofisticada del mundo se está construyendo sobre cimientos de combustibles fósiles.
Los números hablan por sí solos. Lejos de los laboratorios de fusión nuclear, la infraestructura real que se está levantando en Estados Unidos cuenta una historia basada en el gas natural. El caso de Meta es quizas el más gráfico, como detallan en Bloomberg, la empresa de servicios públicos estadounidense Entergy Corp. ha tenido que aumentar su plan de gasto de capital en casi un tercio, alcanzando los 57.000 millones de dólares, para construir 10 nuevas plantas de gas natural dedicadas exclusivamente a alimentar el nuevo campus de datos Hyperion de Meta en Louisiana. Este gigantesco complejo requirirá más de 7 gigavatios de potencia, el equivalente a la producción de siete grandes reactores nucleares.
Google, el histórico abanderado de la energía limpia, tampoco se queda atrás. Una investigación de la firma de inteligencia de mercado Cleanview ha sacado a la luz la asociación de Google con la empresa Crusoe Energy para desarrollar un inmenso centro de datos en Texas bautizado como «Goodnight«. El proyecto incluye una planta de gas de 933 megavatios construida fuera de la red eléctrica tradicional.
¿El fin de la utopía verde? El impacto ambiental de esta instalación no es menor, como explica The Guardian, la planta emitirá hasta 4,5 millones de toneladas de dióxido de carbono al año. Para ponerlo en perspectiva, esto supera las emisiones anuales de toda la ciudad de San Francisco o equivale a poner 970.000 coches de gasolina adicionales en las carreteras. Ante esto, la postura oficial de Google es cautelosa. Chrissy Moy, portavoz de la compañía, no niega el proyecto ante los medios, aunque matiza que, si bien están vinculados al campus, todavía «no tienen un contrato en vigor» para adquirir la energía de dicha planta de gas.
Fuente. Xataca y Jornada Repsol «Energía y geopolítica»
