Comunidades energéticas: Mirar más allá del ahorro energético

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La necesidad puede hacer virtud. La crisis energética mueve a personas y a comunidades. Por eso están surgiendo en España «comunidades energéticas» que se organizan para realizar instalaciones comunes de generación y distribución de la energía, así como de ahorro energético.

Al margen de la colonización ideológica con las renovables, que siempre rechazaremos, se ha de poner en valor la iniciativa asociada en este tipo de temas.

España es un país de sol, energía solar a raudales, que se pierde… Por eso en la mayoría de los casos, estas comunidades en España recurren a una instalación fotovoltáica, pero hay más soluciones: calentamiento directo del agua, energía geotérmica, generación eólica, inversión conjunta en mejorar el aislamiento de las viviendas de una comunidad, etc…

En zonas como Extremadura y Castilla La Mancha existe un gran impulso de las mismas. En otros países también: en 2019 existían 1.750 proyectos comunitarios alrededor de la energía en Alemania.

Imaginemos un pueblo, un barrio, un polígono, aprovechándose de forma colectiva de las mismas instalaciones de generación de energía renovable. Imaginemos el ahorro energético y monetario que ello supone… Algunos ya lo están experimentando.

Las directivas europeas y el propio Gobierno reconocen dos figuras dentro de la definición de comunidad energética. Una, la comunidad energética de renovables; otra, la comunidad ciudadana de energía. Bajo el paraguas de la primera figura, ciudadanos, empresas, entes locales y administraciones se pueden unir para generar y consumir su propia electricidad, generada a partir de tecnología eólica y fotovoltaica, obteniendo sustanciosas rebajas en la factura y sin la participación de grandes eléctricas. Bajo la segunda figura, esa luz no tiene que ser generada solo con renovables (aunque es lo que tiene más sentido) y además la asociación puede ser, también, distribuidora, comercializadora y generadora, pudiendo participar en otras tareas pendientes de la transición: la recarga de vehículos eléctricos o la rehabilitación de edificios, por ejemplo.

Una comunidad energética es un proyecto colectivo en el cual, personas, comunidades de vecinos, barrios, empresas o ayuntamientos se asocian para gestionar directamente su propia energía que procederá, por ejemplo, de un conjunto de instalaciones fotovoltaicas o de cualquier otra fuente renovable, de forma que participa directamente en el mercado eléctrico.

En España la ley determina que una comunidad energética debe ser una entidad jurídica (por ejemplo una cooperativa) basada en la participación abierta y voluntaria. Es una entidad autónoma y efectivamente controlada por socios o miembros que están situados en las proximidades (hasta 500 metros) de los proyectos de energías renovables que son de su propiedad y cuya finalidad primordial es proporcionarles beneficios medioambientales, económicos o sociales en las zonas locales donde operan, en lugar de ganancias financieras.

Las comunidades energéticas pueden producir, consumir, almacenar, compartir o vender energía lo que supone un factor crucial para el ahorro económico de muchas familias, especialmente para las más vulnerables.

Además, este modelo de generación reduce la dependencia sobre las compañías eléctricas convencionales, contribuye a una reducción de la energía consumida tiene positivas repercusiones sobre el medio ambiente del entorno más cercano.

Estas comunidades pueden prestar servicios de recarga de vehículos eléctricos o de otros servicios energéticos, favorecen la reducción y limitan la dependencia de los combustibles fósiles, impulsan la creación de empleo local, estimulan el desarrollo de negocios locales y de un tejido comunitario y pueden destinar la reinversión de los beneficios de la actividad en aspectos prioritarios para la comunidad. 

Las comunidades energéticas proporcionan a la ciudadanía un acceso menos manipulado y justo a recursos locales de energía renovable y otros servicios energéticos y su puesta en marcha requiere esfuerzos de todos los socios dado que es normal que para ponerlas en marcha haya que afrontar dificultades como la financiación, la escasa experiencia o la complejidad para gobernarlas entre todos los miembros pero, en ningún caso, son barreras infranqueables. Hay muchas experiencias puestas ya en marcha que así lo demuestran.

Beneficios de este tipo de comunidades

  • Genera vínculos asociativos también válidos para otros menesteres.
  • Reduce la factura de las mermadas economías de los asociados.
  • Supera el individualismo del sálvese quién pueda (energéticamente hablando)
  • Favorece la transición energética de forma natural, sin cargar la factura sobre los ciudadanos.

Escollos a superar

  • El interés de las grandes corporaciones para que esto no se extienda.
  • Las dificultades constructivas de las viviendas en España. Nefasta política de vivienda (aislamiento, desarrollo urbano…)
  • El intento de algunos grupos de ordenar y canalizar estas iniciativas para provecho propio.
  • Las dificultades financieras que pueda generar la banca en los interesados.
  • El individualismo que culturalmente se nos ha impuesto. Muchas instalaciones se realizan en viviendas unifamiliares.
  • La necesidad del compromiso de las comunidades locales en el impulso de estos proyectos.
  • Que no se circunscriba a comunidades «pudientes»

Desde PBC estaremos atentos a estas iniciativas. Valoramos la socialización de la energía, pero también la generación de tejido social en torno a las nuevas tecnologías y su aprovechamiento.

Cualquier información que tengas, querido lector, te la agradecemos.

Alberto Mangas
Socio de PBC

 

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