Futuro: Inteligencia artificial e igualdad social

En reflexiones anteriores se ha tratado cómo la ciencia no es neutral[1]. Tanto el diseño, la orientación como el uso de la ciencia y la tecnología dependen de decisiones políticas que determinan las consecuencias sociales de los avances tecnológicos. Es clave que se tenga una noción lo más clara posible del impacto  de las actuales tecnologías, especialmente de la Inteligencia Artificial que es la que más capacidad de disrupción tiene.

Actualmente vivimos un proceso de cambio tecnológico de tal magnitud que se puede estar concibiendo[2] un concepto de “vida artificial” que pueda aprender por sí misma y que llegue a reprogramarse su propio hardware y su propio software. (Vida 3.0). Los avances en IA son muy importantes pero son de una orientación muy específica que sin embargo cada día penetra en  más aspectos de nuestra vida. (sanidad, judicatura, ciberseguridad, etc…) recopilando y procesando millones de datos de todo tipo (Big-Data). En este sentido las llamadas “redes neuronales” entrenadas con los datos recopilados por todo el planeta están dando unos resultados espectaculares.

Independientemente del resultado final respecto a la obtención de una IAG (Inteligencia Artificial General de tipo humano),  sí hay en marcha un proceso  para que la IA específica vaya desarrollándose e “inundando” cada día más ámbitos de la vida humana[3]. Las consecuencias sociales, económicas y políticas a medio y largo plazo son impredecibles pero si los principios rectores de este desarrollo tecnológico estratégico siguen siendo los que han gobernado hasta ahora: el afán de ganancia exclusiva y la sed de poder (SRS, San Juan Pablo II) no podemos esperar una evolución positiva sino todo lo contrario: el desarrollo mayor de la injusticia y la opresión. La posibilidad de la conformación de un sistema global de dominio como nunca antes se había podido concebir es factible con el desarrollo de la IA.

Veamos algunos datos en relación a la evolución de la relación entre igualdad social[4]  y desarrollo tecnológico.

Hay que partir del hecho de que los EEUU al finalizar la II Guerra Mundial, con un 6% de la población mundial disponían del 50% de la riqueza mundial. Evidentemente, el trozo de pastel a repartir era muy grande y por ello se pudo desarrollar una potente clase media del sector servicios e industrial necesaria para el sostenimiento del sistema económico de la época. Según la economía crecía, la riqueza obtenida se repartía aunque la estructura social fuese la misma. El pacto social del siglo XX funcionó gracias, básicamente, a que los países ricos (también Europa y Japón posteriormente) desarrollaron unos mecanismos económicos (financieros, comerciales, tecnológicos)  que les permitían disponer de una gran parte de la riqueza mundial que no les correspondía.

Sin embargo a partir de los años 70 del siglo XX la situación cambió sustantivamente. Con los avances tecnológicos de la revolución digital, el neocapitalismo no se vio en la necesidad de repartir beneficios con la clase media e industrial y se inició un proceso de sustitución y desplazamiento de la mano de obra, primero industrial y luego de los servicios que ha provocado una concentración creciente de la renta en el 1% más rico.    Aunque la economía seguía creciendo, el reparto de estancó. El patrimonio neto medio del 90% más pobre de los hogares americanos era en 2012 de 85.000 dólares, el mismo que 25 años antes. Mientras que, durante ese mismo periodo de tiempo y teniendo en cuenta la inflación, el 1% más rico había más que doblado su patrimonio hasta llegar a los 14 millones de dólares. Las diferencias son aún más acusadas a nivel internacional: en 2013 la riqueza total de la mitad más pobre de la población mundial (más de 3600 millones de personas) era igual a la de las 8 personas más ricas del mundo. En la Conferencia Internacional de Puerto Rico en 2015 sobre IA se señaló que los avances en IA y automatización seguirían haciendo crecer el pastel económico pero que no existía ninguna ley económica según la cual todo el mundo, ni si quiera la mayoría de las personas, fuese a beneficiarse de ello.

Según el experto  Erik Brynjolfsson, la tecnología exacerba las desigualdades de tres formas:

  1. Reemplaza trabajos antiguos por otros que requieren mayor formación.
  2. Desde los 70 el capital, propietario de la tecnología, tiene mucho más poder que los trabajadores. Las actuales grandes compañías digitales tienen los mismos ingresos que las antiguas grandes empresas industriales pero 9 veces menos empleados y un valor en bolsa 30 veces superior.
  3. La economía digital premia solo al ganador. El ganador se lo lleva todo. En el mercado digital solo hay espacio para unos pocos. Si un software es “mejor”[5] que otro, se queda con todo el mercado.

 

La socialización de las nuevas tecnologías tanto a nivel económico como político es una de las condiciones más necesarias para el desarrollo de una sociedad justa y democrática. Si la ciudadanía en general y los profesionales en particular se ausentan políticamente  de este debate, estaremos entregando nuestro futuro a no sabemos quién[6].

 

Carlos Llarandi Arroyo

Profesionales por el Bien Común

[1]       http://profesionalesporelbiencomun.com/?s=ciencia#.W4JUMc5KiG4

[2]       Aquí hay un gran debate entre los utópicos digitales y los tecnoescépticos. Estos últimos creen que la obtención de una IAG (inteligencia artificial de tipo humano) nunca se va a poder alcanzar. Los primeros hablan de singularidad como el momento en que la inteligencia artificial superara la inteligencia humana en todas las facetas.

[3]       Hay que tener en cuenta el nivel de propaganda que el propio sistema emplea para magnificar sus predicciones. Esta proliferación de la mentira forma parte del proceso de implementación de un sistema de dominio global.

[4]       M. Tegmark. Vida 3.0. Qué significa ser humano en la era de la inteligencia artificial. Taurus. Madrid. 2018. p.152 ss

[5]       “Mejor aceptado”. Hay que recordar que no siempre la mejor tecnología vence. VHS gano la batalla a Beta porque Sony no acepto que los videos Beta se usaran para la promoción de la pornografía. La  mayor expansión del VHS hizo el resto…

[6] No olvidemos la visita del magnate George Soros a la Moncloa hace unas semanas. https://okdiario.com/espana/2018/06/28/sanchez-reune-secreto-moncloa-mayor-especulador-del-mundo-george-soros-2484178

Written by Carlos Llarandi

Carlos Llarandi Arroyo. Químico. Profesor de Ciencias. Greenwich School.Madrid. Análisis de Sistemas Dinámicos.Nabucco Center.Spin-Off Universidad de Sevilla. Máster Ciencias Matrimonio y Familia (pte tesina) y Máster en Doctrina Social de la Iglesia. Madrid. Science & faith. Barcelona. @carlosllarandi


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