Algoritmos y redes sociales, televisiones y Cataluña…

La Real Academia define algoritmo como un “conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema”. En el caso de las redes sociales, se trata de la fórmula que pretende resolver el problema del exceso de información que se vierte en ellas, para que cada usuario vea aquello que más le pueda interesar.

Se trata de una presunción bajo la que algunos críticos encuentran una censura o un discurso dirigido, y que nos sitúa en un paradigma informativo cada vez más controvertido.

Al menos ese es el debate que surgió en EE.UU. después de que un muchacho negro muriera tras recibir disparos de un policía blanco en Ferguson. La profesora Zeynep Tufekci, que estudia los cambios sociales que promueve la tecnología, analizó en un artículo cómo fue relativamente difícil informarse de ese suceso y sus consecuencias a través de Facebook, y la influencia sobre la vigencia del asunto en el debate público que se derivó de su presencia entre los temas candentes de Twitter (trending topics).

 La espiral que sobreinforma y desinforma

  El funcionamiento de las redes sociales se basa en espirales que premian con mayor visibilidad a aquello que ya tiene cierto éxito y opacan casi completamente lo que no recaba un mínimo interés.

El funcionamiento de las redes sociales se basa en espirales que premian con mayor visibilidad a aquello que ya tiene cierto éxito y opacan casi completamente lo que no recaba un mínimo interés. De ahí que el algoritmo que ‘mide la temperatura’ de la conversación y aflora los temas que cada plataforma indica que están siendo más debatidos dispare la popularidad de esos asuntos, ya que los usuarios tienden a guiarse por ellos para informarse o participar, por un mero sentido de tomar parte en una charla en la que alguien les escuche o pueda servirles de proyección ante los demás. Y esas intervenciones, individuales, prolongan (como en un bucle positivo) la permanencia de esos temas destacados, en perjuicio de otros que carecen de esa tracción social porque a su vez no tampoco han tenido ese grado de exposición.

Televisiones y tertulianos

La estrategia de negocio es clara, existe una connivencia entre televisiones y redes sociales, donde la verdad es la víctima. Su objetivo es sacar el máximo provecho del sentimiento exaltado en las tertulias de bajo perfil, donde se pone a la misma altura una gran reflexión y la última idiotez del “tonto útil”, o las escenas que protagonizadas por una minoría hacen el contrapunto perfecto para el reinado de la mentira.

Como ejemplo lo sucedido en estos días en Cataluña, donde la gran cobertura que el grupo Atresmedia está realizando durante la crisis catalana ha posicionado a la Sexta y Antena 3 como cadenas de referencia para informarse sobre el proceso independentista, también en Cataluña,  donde ha llegado a acercarse a la cadena autonómica favorable al proceso soberanista (TV3).

Las intervenciones desencadenadas por la gran masa de televidentes  generan un gran beneficio de datos y  poder para (twitter), favorecen a los grandes usuarios (algunos robots e institucionales) o a los ejércitos coordinados  que usan la dinámica de descalificar al otro por el sentimiento, expresión máxima de la manipulación. Esta última táctica es propia de la “nueva política” donde funciona más el movimiento de masas que la acción de partido, que hasta ahora habíamos conocido; es propio de la modernidad. Recordemos que la gente joven bebe más directamente de las redes sociales y por ellas ingresa en la televisión. Por ejemplo, el discurso del Rey sobre Cataluña, fue visto por 12,5 millones de televidentes, la mayoría mayores de 45 años.

A la vez que se desarrollan todos estos fenómenos, los ingresos publicitarios de las televisiones suben como la espuma. Mientras tanto, a los mortales usuarios de twitter nos queda un sentimiento de desahogo cuando vertemos a la red nuestro enfado o alegría, en un twit que no ha visto más que un escaso puñado de personas…

Profesionales por el Bien Común

Written by PBC

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