El fin de la inocencia de la farola

La farola es un elemento mítico en nuestras ciudades. Las de gas forman parte del imaginario del Londres de la era victoriana y las novelas steampunk, mientras que las eléctricas iluminan en nuestro subconsciente colectivo al Berlin de Marlene Dietrich con su Lilly Marlene o a una Nueva York bajo cuya lluvia baila Gene Kelly cantando.

Por Rainer Uphoff

 

 

Este romanticismo se terminará en tiempos de 5G, IoT, AI y ciudades 4.0. Ya terminó en China.

Resolviendo el enigma de las siglas de la frase anterior: el nuevo estándar de comunicación móvil de banda ancha 5.0 permitirá el desarrollo del Internet de las Cosas (Internet of Things) para convertir con la Inteligencia Artificial (AI) nuestras urbes en smart cities, es decir, ciudades 4.0 o “inteligentes”.

El último informe sobre seguridad urbana de The Economist da ya una serie de pistas sobre lo que nos espera.

No sólo serán ciudades discretamente bunkerizadas para evitar atentados: con bancos -los de sentarse- reforzados por dentro, quioscos ultraresistentes o farolas con anclaje profundo sustituyendo los improvisados floreros de hormigón y coches de policía atravesados sobre la acera para evitar la entrada de vehículos o absorber la onda expansiva de posibles explosiones.

Sobre todo, las calles públicas serán espacios cada vez más controlados. Por nuestro bien, claro. Las farolas tendrán un papel crucial, por su omnipresencia y conexión a la red eléctrica. Tras el smartphone, el smart streetlight. Todo por nuestro bien, claro.

Los elementos de las “farolas conectadas” serán:

La Luz: por supuesto, de LEDs, de bajo consumo, casi irrompibles, de color e intensidad modulable según las necesidades de iluminación o generación de estados de ánimos en los viandantes.

Cámaras: ¿para qué andar buscando ubicaciones para cámaras de seguridad si ya tenemos el alumbrado público? Se pueden colocar a diferentes alturas y siempre tienen garantizadas iluminación suficiente para tomar imágenes. De 2012 a 2017, la venta cámaras de seguridad de alta definición ha subido un 13.500%.

Sirven para controlar el tráfico, para detectar e indicarnos en nuestros teléfonos o coches conectados la disponibilidad de aparcamientos libres, pero también, aplicando la inteligencia artificial, para descubrir los así llamados “eventos inusuales”, como acumulaciones no previstas de personas, actividades ilegales desde el comercio informal hasta los robos y, por supuesto, reconocer caras y complementar el perfil de movimientos que ya nos dibujamos nosotros mismos con nuestros móviles.

Micrófonos: ¿para qué?, se preguntarán. El pretexto es simple: descubrir “eventos auditivos inusuales”, como accidentes, peleas o tiroteos para así conectar automáticamente las correspondientes cámaras a las pantallas del centro de control de la policía y permitir reaccionar a las fuerzas de seguridad antes de recibir el aviso, o incluso cuando nadie avisa.

Pero también podrán usarse para registrar conversaciones cercanas y, para complementar el reconocimiento de caras, reconocer también voces

Pero también podrán usarse para registrar conversaciones cercanas y, para complementar el reconocimiento de caras, reconocer también voces. ¿Se ha dado cuenta de que la tecnología ya existe y que los smartphones más modernos no sólo transcriben perfectamente lo que les dictamos sino que se activan sólo con la “voz de su amo”, pero no con la voz de otros que intentan despertarlo con “hey Siri” u “ok Google”?

Antenas: El sistema 5G será mucho más descentralizado que el actual 4G. Más que grandes torres con antenas, muchos dispositivos recibirán y transmitirán datos dentro de una red integrada. Posibilitarán la microlocalización de nuestros dispositivos electrónicos, ya no sólo del teléfono móvil, y el registro de patrones de comportamiento en nuestro propio entorno IoT (Internet de las Cosas): en qué habitación tenemos la luz encendida, con cuantos kilos de ropa cargamos la lavadora, cuantas pulsaciones cardíacas tenemos en este momento o que comida tenemos en el frigorífico.

Funcionando como beacon o “faro electrónico” podrán facilitar el servicio de localización milimétrica que necesitarán los coches u otros dispositivos de movilidad autónomos.

Altavoces: una reminiscencia del mundo analógico, pero aún eficaz. Para los que no reciben los avisos en alguno de sus dispositivos, siempre quedará el altavoz para dar instrucciones, órdenes o alertas a los ciudadanos cercanos.

Puesto de recarga: debido a su conexión a la red eléctrica y la necesidad de no multiplicar puestos de recarga para coches y otros vehículos eléctricos en el limitado espacio urbano, son predestinados para servir como puntos de recarga omnipresentes.

Puesto que, según la enormemente restrictiva legislación actual española, sólo las empresas de distribución eléctrica pueden cobrar legalmente por el servicio de recarga, no es descabellado pensar que con el tiempo el alumbrado público se convierta en concesión privada, operada por empresas eléctricas.

Ya existen contratos de “luz como servicio” en los que el municipio externaliza la gestión y el mantenimiento del alumbrado público a empresas privadas.

Esta farola del futuro, en parte, ya existe. En China. Sin duda, llegará también al resto del mundo. Será un gran negocio para los que sepan y puedan aprovechar la información que generará.

Hará falta un nítido control político para impedir, por un lado, el uso del “mobiliario urbano inteligente” como Gran Hermano que capaz de controlar movimientos y conversaciones de los ciudadanos. Pero también habrá que impedir que empresas privadas (o públicas) acumulen datos obtenidos con dispositivos instalados en la vía pública, comercien con ellos o los usen para otros fines, da igual cuáles.

Si desea declararse el amor debajo de la cálida luz de una farola o arreglar algún negocio turbio, hágalo cuanto antes. Dentro de poco ya no estará en la intimidad.

Rainer Uphoff es periodista y Master en Gestión del Transporte Urbano

 

 

 

 

Written by PBC

Profesionales por el Bien Común-Blog


Que se puede pasar Bachiller con una suspensa; esto es mediocridad para los pobres y excelencia para los ricos

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